La mala alimentación y la falta de ejercicio son responsables de un 25% de los costes de las empresas en salud.

Numerosos estudios demuestran que el estrés está directamente relacionado con las enfermedades cardiovasculares.

La mayor parte del estrés se genera en nuestro puesto de trabajo donde intentamos dar el máximo de nosotros y bajo mucha presión.

Desde hace algunos años que en el Día Mundial del Corazón se viene llamando la atención a patronales, sindicatos y trabajadores para que tengan más en cuenta su responsabilidad, favoreciendo entornos laborales cardiosaludables.

Sobre esto, también habla la Asociación Americana del Corazón que destaca que una mala alimentación, la falta de ejercicio y otros factores de riesgo, como las enfermedades cardíacas, son las responsables de un 25% de los costes de las empresas en salud. Por eso, recomiendan invertir más en garantizar la salud de sus trabajadores porque, a largo plazo, les saldría más rentable. Sus investigaciones demuestran que, por cada dólar invertido en bienestar laboral, la empresa puede percibir tres a cambio.

Esta misma semana, la Asociación Americana del Corazón ha lanzado varias recomendaciones para intentar concienciar sobre los fallos más habituales en estos programas de salud laboral y mejorar la adherencia de los mismos trabajadores.

“Si pudiéramos incrementar la proporción de los 155 millones de adultos en edad de trabajar en EEUU que tienen una mejor salud cardiovascular, daríamos un gran paso hacia la consecución, en 2020, del objetivo de mejorar la salud cardiovascular de todos los americanos en un 20% y disminuir la mortalidad asociada a problemas del corazón en otro 20%”, ha señalado en un comunicado Elliott M. Antmant, presidente de la Asociación Americana del Corazón.

Proyectos europeos

¿Qué pasa en Europa? En este continente también se han llevado a cabo proyectos para fomentar la salud en los lugares de trabajo.

Uno de ellos, es el programa ‘Healthy Ageing in Europe‘, que trata de comprobar el impacto que tiene el hecho de instaurar la promoción del envejecimiento saludable en los puestos de trabajo.

Aquí en España, este proyecto se llevó a cabo en diez centros laborales de Andalucía, tanto privados como públicos, de sectores diferentes como el transporte, la alimentación, los servicios sanitarios, los educativos o los servicios de dependencia.

El proyecto se desarrolló durante ocho semanas y participaron un total de 260 trabajadores de más de 45 años.

El plan, coordinado por Inmaculada Mateo, profesora de la Escuela Andaluza de Salud Pública, consistía en sesiones de entrenamiento en actividad física, consejos de hábitos alimenticios saludables y sesiones de ‘mindfulness’ (meditación), con el objetivo de controlar el estrés.

Se evaluó la salud de los participantes antes y después del proyecto, y los resultados mostraron que se produjeron mejoras en lo que al estrés se refiere y al estado de salud en general, además de un giro hacia un estilo de vida más saludable, por lo menos, a corto plazo.

Manejar el estrés.

“Es un factor menos conocido, pero es muy importante porque añade calidad y esperanza de vida”, señala Inmaculada Mateo. Controlar el estrés mejora los hábitos de vida saludables relacionados con la alimentación y el ejercicio.

“La comida se utiliza muchas veces como vía de escape a las situaciones de estrés. En este sentido, tener herramientas para manejar estas situaciones también ayuda a evitar malos hábitos. Y con el ejercicio pasa lo mismo. El estado de ánimo influye directamente en la actividad física”, señala la coordinadora del proyecto en Andalucía.

El programa tiene como finalidad aportar las herramientas necesarias para que los trabajadores puedan integrar lo aprendido en su vida cotidiana y sepan detectar aquellos momentos y prácticas de riesgo para mejorarlas. “Estimulamos pequeños cambios que podían tener mucho impacto, como cambiar el lugar de las impresoras o sugerir que, por ejemplo en los centros de salud, los profesionales se levantasen a recibir a los pacientes”, añade Inmaculada Mateo.

“Hay numerosas evidencias de que incrementando los niveles de actividad física, mejorando la alimentación y mejorando la gestión del estrés se retrasan las enfermedades crónicas y se mejoran las expectativas de vida en buena salud, que es lo que no está aumentando en la misma medida que la longevidad”, dice Inmaculada.