dietas hospitalarias

Las dietas hospitalarias tienen como objetivo mejorar la salud de los pacientes y proporcionar los nutrientes y proteínas necesarios según su diagnóstico.

Los nutricionistas de los hospitales trabajan con esfuerzo para poder elaborar los dietarios lo más variados posibles y que agraden a los pacientes.

Qué son las dietas hospitalarias y qué tipos existen

La Organización Mundial de la Salud insiste en que una dieta adecuada ayuda a prevenir riesgos en la salud y contribuye a su bienestar social y físico.

Las dietas hospitalarias se realizan en base a la dietética, la ciencia que estudia qué alimentos son adecuados para mantener, recuperar y mejorar el estado nutricional de las personas. Para elaborarlas, es necesario también tener en cuenta las necesidades psicológicas y físicas de cada paciente, además de la patología que se le haya diagnosticado.

Es por esto que suelen ser bastante restrictivas en cuanto a alimentos y, de ahí, que no sea del agrado de los enfermos. Pero siempre se debe tener en cuenta que la dieta se ha elaborado especialmente para una persona adaptándose a las exigencias de su estado de salud.

¿Qué tipos de dietas hospitalarias existen?

Ante las innumerables patologías y enfermedades, existe una gran variedad de dietas hospitalarias que pueden prescribirse a un paciente.

Dietas de progresión

Se incluyen las dietas líquidas para evitar estimular el ciclo gastrointestinal, las dietas blandas para las patologías estomacales e intestinales, y las dietas semilíquidas para pasar de la líquida a la blanda.

Dietas con restricción calórica

Estas dietas suelen recomendarse a pacientes con problemas cardiovasculares como la obesidad o el sobrepeso. Encontramos las dietas hipocalóricas de 1000 kcal, de 1500 kcal y de 1800 kcal.

Dietas con restricción glucémica

El objetivo principal de esta dieta es la restricción de la ingesta de carbohidratos, aunque también afecta a las calorías diarias.

Dietas con modificación de la ingesta proteica

Existe la dieta hipoproteica, baja en proteínas para personas con enfermedad renal; la dieta hiperproteica, que aumenta la cantidad de proteínas que se ingieren y se prescriben a pacientes desnutridos, con cáncer, con infecciones o VIH; y las dietas sin gluten, que elimina los cereales de la alimentación y deben seguirla principalmente los celíacos.

Dietas con modificación de lípidos

La dieta hipolipídica se recomienda a enfermos con altos niveles de colesterol y triglicéridos. La dieta de protección biliopancreática se prescribe cuando existen enfermedades de la vesícula biliar o del páncreas.

Dietas con modificación de fibras

Las dietas sin residuos y astringentes son muy bajas en fibra, orientadas a la limpieza del intestino grueso o la gastroentiritis. La dieta laxante es rica en residuos, con lo que aumenta los niveles de fibra para solucionar los problemas de estreñimiento.

Estas son solo algunos de los tipos de dietas que existen. Como ya se ha comentado, con la gran variedad que hay de pacientes y patologías, deben elaborarse muchísimos tipos de dietas que se adapten a las necesidades del paciente y de la patología que deba tratarse.